Parece ser que los que disfrutamos del uso y el abuso de los videojuegos vamos a tener que acostumbrarnos a una nueva moda. Una moda que se ha instalado en las esferas “pensantes” de la sociedad, miedo me da, y que parece que tendremos que empezar a combatir de alguna manera. La crítica desmesurada y sin sentido hacia los videojuegos.

Desde la edición online del Times se ha disparado con fusil de repetición contra el mundo que tanto nos gusta. Y es que el periodista Giles Whittell ha convertido una de sus últimas columnas personales en un ataque frontal y desmesurado, llegando a afirmar cosas como “odio a los videojuegos”, “en mi casa sólo se jugará a videojuegos cuando me muera” o “jamás les compraría una Nintendo a mis hijos, jamás”. Pero vamos por partes, antes de que empecéis a afilar los cuchillos.

El artículo empieza poniéndonos en una situación ficticia, en la que el periodista se encuentra en el aeropuerto de Gatwick durante una soleada mañana. Una familia de 4 miembros, dos de ellos niños, se dirige a una terminal de embarque. ¿A dónde tendrán la suerte de ir? ¿a Palermo? ¿a Nicósia?, se pregunta nuestro héroe periodístico, antes de enfurecer al darse cuenta de que a los niños les importa un pepino el destino, puesto que llevan sus “narices pegadas a las pantallas de la Nintendo y no parecen tener interés en ver la realidad”.

Unos días después, Mr. Whittell, en cualquier parte de Europa asistiendo a una barbacoa con amigos, disfrutando del aire fresco, del ejercicio y de la naturaleza, concluye “Nunca le comprare una Nintendo a mis hijos. Nunca”.

De momento lo que sabemos del respetable columnista es que no parece tener una gran idea de lo que tanto odia. Cuando escuchéis a una persona llamar “Nintendo” a todo el mercado consolero actual, es que mucha información de base para lanzar su opinión, no tiene.

nintend.jpgY es que para gente como él, decir “no compraré una Nintendo” es el equivalente a decir “no compraré una consola” , que yo sepa aún no se ha producido ese efecto generalizador que identifica una marca con toda una categoría de productos al igual que sucede con las “bambas”, ¿no?. O es que alguien dice me he comprado un Windows (me he comprado un PC) o me he comprado una Phillips (me he comprado una TV). Pero sigamos.

La historia continua mostrando una conversación con la Dr. Tanya Byron, autora del libro “Niños más seguros en el mundo digital” que tiene como premisa la siguiente: “los videojuegos e internet son buenos para nuestros hijos siempre que los tengamos alejados de ‘Grand Theft Auto’, pedofilos y los websites que abogan por el suicidio y el asesinato.” El autor de la columna rechaza completamente esta argumentación y contraataca con su lema “me da igual lo que esa Doctora diga, jamás le compraré una Nintendo a mis hijos”.

Lo cierto es que el artículo sigue ampliando la ya de por sí enorme colección de improperios y descalificaciones hacia los videojuegos. En determinado momento llega incluso a compararlos con la adicción a la heroína o el problema del embarazo juvenil. Desde luego compartir una comida con Giles Whittell y Jack Thompson debe de ser cuanto menos, esperpéntico.

“Odio a los videojuegos, tanto si son online u offline. Odio la manera en la que absorben a gente real en mundos falsos y los mantienen ahí durante décadas. Odio ser odiado por decir lo que estoy diciendo hoy y me repugna que me hayan aconsejado probarlos para luego poder opinar, porque parece que me aconsejen pegarme un chute o vivir un embarazo adolescente para poder juzgarlos.”

En los últimos párrafos, imagino que cuando le sangraban las encías de la rabia acumulada, llega incluso a argumentar que su crítica no se basa en los homicidios que producen los juegos, ni en atrocidades así (que, por supuesto, da por reales) si no en la absoluta pérdida de tiempo que los videojuegos suponen, al igual que el uso de la heroína y el sufrir un embarazo juvenil. Toma ya, ahí es nada.

Y para concluir ¿qué mejor manera que lanzar una reflexión profunda que pueda conseguir sumar a su causa a los padres indecisos? ” Un tercio de los niños de 10 años de Inglaterra pasan al día casi tres horas jugando con sus consolas. En Inglaterra quizá. En mi casa, cuando esté muerto. Mientras tanto quiero que mis hijos sufran una sobredosis de viento, lluvia, tiendas, césped, montañas y bacon requemado. Y que hagan sus deberes, claro. ¿Por qué de repente querer eso tan raro?”

Lo raro, imagino, no es querer que tus hijos disfruten del aire libre, del campo y de las actividades festivas en familia o en grupo. Lo raro es pensar que una consola de juegos es algo equiparable a la heroína o al embarazo adolescente. Lo raro es tener tan poca base cultural para decir semejantes atrocidades. Lo raro es que una institución como el Times dé amparo a semejantes individuos, que circulan con un revolver cargado y disparando contra todo aquello que no entienden. Y lo que no sería raro, es que sus hijos al cumplir los dieciocho decidieran huir de casa, escapar del yugo paterno y comprarse una “nintendo”.

Si es cierto eso que dicen, de que los hijos cuando se llevan mal con sus padres se esfuerzan en ser todo lo contrario, espero que los de nuestro columnista favorito acaben formando un estudio independiente de videojuegos y creando un título mundialmente conocido por llevar la violencia de ‘GTA IV’ a límites insospechados.

P.D. Al menos no ha llegado a la conclusión de que ‘PacMan’ incita al consumo de pastillas. Gracias a Dios.

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